Los alcances del título otorgan al futuro
Licenciado la posibilidad de desarrollar su tarea en ámbitos educativos
y de salud, trabajando en forma individual o formando parte de equipos,
en tareas directas con personas o en roles de planificación y conducción
de instituciones.
Claves para la comprensión de las
características, campo de acción y ejercicio profesional de la
Psicomotricidad
Lic. Miguel Sassano y Lic. Pablo L. Bottini
¿Qué es un Psicomotricista?
El psicomotricista es un profesional dedicado:
Al estudio y la investigación del desarrollo normal de los movimientos
vinculados con el uso del cuerpo y de sus desviaciones.
Al desarrollo, aplicación e investigación de técnicas y procedimientos
que facilitan el diagnóstico de problemas o desviaciones psicomotrices.
Al desarrollo, aplicación e investigación de técnicas y procedimientos
destinados a promover el desarrollo psicomotor normal con un objetivo
educativo preventivo o a mejorar sus desviaciones con un fin terapéutico.
¿Cómo se accede al tratamiento con un Psicomotricista?
Con frecuencia se accede a través de otro profesional que deriva al
psicomotricista. Estos profesionales generalmente son maestros,
profesores de educación física, médicos (neurólogos, neuro-pediatras),
psicólogos, psicopedagogos, fonoaudiólogos, etc., que, en
función de signos que observan en la persona, consideran necesaria la
consulta.
¿Cuándo es necesaria la consulta con el Psicomotricista?
Cuando los movimientos de una persona, en el uso y en la relación que
establece con su cuerpo, no son los esperados para su edad y contexto
habitual de desarrollo.
Cuando se padece un trastorno psicomotor que coarta las posibilidades
normales de desarrollo.
Cuando una persona no se siente hábil con su cuerpo ni logra movimientos
que lo satisfagan frente a los desafíos del crecimiento y del
aprendizaje.
Cuando se padecen trastornos graves de personalidad, afecciones
psicosomáticas, conductas adictivas o psicopáticas que comprometen el
uso del cuerpo. En estos casos, la terapia psicomotriz puede ser un buen
complemento y facilitar el efecto del tratamiento específico.
Cuando existen secuelas de enfermedades neurológicas o degenerativas.
Cuando existen limitaciones de la movilidad debidas a causas
postraumáticas o al envejecimiento.
¿Quiénes son los beneficiarios más frecuentes del trabajo de un
Psicomotricista?
Generalmente, los psicomotricistas atienden a niños y jóvenes que
manifiestan alguno de los problemas señalados anteriormente. Sin
embargo, recientemente se ha incrementado la atención de adultos y
ancianos. Su labor en este campo es cada vez más intensa debido al
fenómeno de la prolongación de la vida y a la necesidad de mantenerla
con calidad.
¿Por qué es importante consultar al Psicomotricista?
Porque quienes padecen un trastorno psicomotor –desde la infancia o como
consecuencia de alguna enfermedad posterior- ven coartadas sus
posibilidades normales de desarrollo o sus posibilidades de desplegar
movimientos ya adquiridos. Estas limitaciones, que hacen sentir inútil e
inhábil con el cuerpo, pueden provocar una imagen empobrecida de sí
mismo que, si no es contrarrestada a tiempo, disminuirá el potencial de
la persona por el resto de su vida, pudien do dar lugar a la aparición
de trastornos de la personalidad, de la conducta o del aprendizaje y a
dificultades en la vida social, deportiva o de relación.
¿Dónde puede trabajar un Psicomotricista?
Los psicomotricistas trabajan tanto en consultorios privados como
en instituciones educativas o asistenciales. En todos los ámbitos, su
labor se orienta a la atención de trastornos específicos ó al apoyo y
complemento de otras tareas terapéuticas. Por ejemplo:
En el ámbito educativo:
En las escuelas de Educación Especial y de Recuperación:
forman parte del equipo docente y colaboran en la estimulación y la
enseñanza de niños y jóvenes con discapacidades motoras, sensoriales,
mentales y emocionales.
participan en el diseño e implementación de actividades lúdico
corporales para el apoyo del aprendizaje de contenidos curriculares.
en actividades de recreación y tiempo libre (Colonias de Vacaciones,
Campamentos, etc.).
En escuelas de Educación Común (Jardines Maternales, Jardines de
Infantes, Educación General Básica):
coordinan talleres dedicados al estímulo del desarrollo psicomotor
normal
colaboran en actividades orientadas a la búsqueda de soluciones para los
conflictos grupales o institucionales (violencia intra institucional,
catástrofes)
participan en los distintos niveles de la educación preescolar y de la
educación general básica en el diseño e implementación de actividades
lúdico corporales para el apoyo del aprendizaje de cont enidos
curriculares.
En el ámbito de la salud Trabajan:
En Instituciones:
Hospitalarias, en los servicios de Salud Mental, Pediatría, en equipos
interdisciplinarios dedicados a la asistencia, docencia e investigación
de los problemas de aprendizaje y el desarrollo y en área s dedicadas a
tareas comunitarias y preventivas.
en instituciones dedicadas a la atención de personas que padecen severos
trastornos de la personalidad (Centros Educativos Terapéuticos),
debilidad mental, conductas adictivas ó de actuación (bulimias,
anorexias, etc.).
En Geriátricos, Hospitales o Centros de Día
En consultorio privado:
Consulta privada
Obras Sociales
Medicina prepaga
En ámbitos de recreación y tiempo libre:
Colaboran en el diseño y ejecución de planes de iniciación en la
actividad deportiva.
Participan en el diseño y ejecución de programas dedicados a la
promoción y cuidado de la salud corporal.
¿Cuáles son las características de las tareas psicomotrices?
El psicomotricista basa su tarea en la observación de gestos,
posturas y movimientos con el fin de evaluar y comprender el nivel de
desarrollo psicomotor y las necesidades de la persona y utiliza el juego
corporal para implementar actividades pedagógicas o terapéuticas que
respondan adecuadamente a las mismas. Se entiende por actividades
pedagógicas aquellas que capitalizan las capacidades naturalmente
desarrolladas y por actividades terapéuticas las que fomentan el
aprendizaje de habilidades no desarrolladas espontáneamente.
La observación del trabajo psicomotor muestra a dos personas
desarrollando una actividad lúdica: una juega en función de su necesidad
(paciente/alumno) y la otra (psicomotricista) utiliza ese juego en apoyo
de la necesidad del otro.
¿Cuáles son los contenidos de la práctica en Psicomotricidad?
La práctica psicomotriz se podría definir bajo tres parámetros:
el juego, el cuerpo y la relación corporal.
El contenido de la práctica psicomotriz se basa en el juego libre,
permisivo, en una actividad espontánea que se desarrolla y organiza
progresivamente a partir de los objetos puestos a disposición de los
niños. Es un juego sin argumento impuesto, de forma que permite el libre
curso a la imaginación. Se trata de dejar desarrollar en el grupo el
juego libre, espontáneo, sin consignas precisas y sobre todo, sin
enjuiciamientos.
Esto no quiere decir que la práctica psicomotriz se convierta en un
juego caótico. Dentro del dejar hacer el psicomotricista ha de fijar los
límites de la libertad: no hacer daño al compañero, lo cual no excluye
las relaciones agresivas; no destruir el material, etc. Estas
prohibiciones marcan el límite entre realidad y juego. El
psicomotricista garantiza esta ley, al igual que es garantía de la
realidad. En esta situación de juego espontáneo, él ha de contener y
retomar las situaciones difíciles, manejar los conflictos sin
culpabilizarlos.
En toda esta relación, dicen Llorca y Vega, está presente el concepto de
disponibilidad corporal, como actitud de escucha. Es una nueva manera de
situarse respecto al niño, es tener una actitud de empatía, ser capaz de
descentrarse hacia el otro, intentar comprender la historia que nos
cuenta la otra persona, sin juzgarla, para desde allí, poder ayudarle a
resolver sus dificultades. La disponibilidad corporal supone además un
nuevo modo de actuar a traves del cuerpo, utilizando como mediadores la
mirada, el gesto, el espacio, los objetos..., etc. (Boscaini, 1989).
A partir de este estado de escucha hacia el otro, el psicomotricista ha
de actuar como observador y como partícipe del juego al mismo tiempo. Ha
de estar corporalmente disponible a toda forma de relación que tratará
de hacer evolucionar según las necesidades del niño. En esta relación,
el adulto ha de conocer y elaborar sus propios impulsos, siendo
consciente de que no proyecta su propia problemática en la
interpretación de la actuación del niño .
"Tomar conciencia de la importancia del juego en la construcción y el
desarrollo de la personalidad del niño, observar ese juego y comprender
qué es lo que se está jugando (sentido), participar sin ser directivo ni
invasor y contenido dentro de los límites de lo simbólico. Esto es
importante para el niño, pero también para el psicomotricista y sobre
todo para su relación. Este juego corporal, este juego psicomotor, es
una oportunidad para establecer con el niño y con el grupo otra
relación; una relación de persona a persona..." (Lapierre, 1990).
Durante la sesión el psicomotricista no tiene nada para enseñar, sólo ha
de estar disponible para el niño, seguirlo en la dinámica de sus
pensamientos y de sus actos. Esta relación, al no estar mediatizada por
lo pedagógico y lo intelectual, toma un cariz afectivo que se articula
alrededor de dos temas esenciales de nuestra vida afectiva: el amor y el
odio (Lapierre, 1977; 1990).
En esta relación, el cuerpo del adulto adquiere un valor simbólico. En
él, el niño proyecta las funciones maternales y paternales. El cuerpo
del psicomotricista es vivido por los niños como un lugar de placer y
seguridad, un continente de calor afectivo que los protege (Lapierre,
1991). Pero esta protección y seguridad afectiva encierran en sí mismas,
para que cada niño pueda madurar, un deseo de independencia. En la
relación con nuestros padres, cada uno de nosotros vive la necesidad de
separación para la identificación personal, que se inicia ya desde la
tierna infancia, tal y como sugiere Wallon cuando habla del estadio del
Personalismo. En este estadio (Rigo, 1991 ), la oposición y más tarde la
imitación, posibilitan que el niño construya su propia imagen de persona
diferente a sus progenitores. En este proceso, la seguridad que le
ofrecían sus padres se puede vivir como prohibición; la protección como
devoración, y el amor se transforma en odio. Surge entonces la
agresividad infantil, por liberarse de una dependencia que por otro lado
desea. Pero no todos los niños, ni todos los adultos hemos tenido padres
que nos ayuden en esta evolución, quizás demasiado rígidos para
enfrentarnos a ellos, o tal vez demasiado culpabilizadores o permisivos,
el niño encuentra en la sala a un adulto con el que puede vivir una
relación privilegiada, lo desculpabiliza, lo comprende y le permite
vivir esa relación ambivalente de amor y odio que progresivamente le irá
llevando a una mayor identificación y autonomía como individuo. El
cuerpo del psicomotricista toma un valor preferencial para el niño, pues
en él puede vivir la afectividad, la emocionalidad y sus deseos de
manera simbólica, con un adulto que le ayuda a elaborar y madurar su
vida afectiva.
A medida que esta evolución tiene lugar, el niño se abre a otras formas
de relación y comunicación con los otros y con los objetos, aprendiendo
de estas relaciones y madurando así en el ámbito cognitivo, poniendo de
manifiesto cómo psiquismo y afectividad aparecen indisociablemente
unidos (Wallon, 1963, Lapierre, 1977,1990).
En esta relación fundamentalmente corporal, el psicomotricista ha de
reencontrar en sí mismo el placer del juego, del movimiento, ya que para
que se de una buena relación ha de darse un placer compartido. No se
trata tampoco de dejar hacer sino que, mediante sus intervenciones, el
psicomotricista debe canalizar, orientar y hacer evolucionar el juego,
saber cuándo decir sí y decir no, jugar a la aceptación, a la negación y
a la provocación, teniendo un rol activo según las necesidades y el
momento evolutivo de cada niño (Lapierre, 1991).
Fuente