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USOS DEL TWITTER COMO HERRAMIENTA
POLÍTICA
Hace poco más de año y medio, en este mismo
espacio, escribía: “El servicio se ha convertido de la noche a la mañana
en la herramienta preferida de publicistas y expertos en mercadotecnia
que buscan lo último en instrumentos para tomar el pulso del animo
colectivo y escuchar en directo la conversación nacional”. Sobre su
impacto en la forma de narrar noticias comentaba que vía este servicio
se había sabido antes que por cualquier otro medio de un “un terremoto
en California a finales de 2006, del avión que acuatizó frente a Nueva
York en enero de 2009, de los atentados terroristas en Bombay en
noviembre de 2008 y del alzamiento ciudadano en Moldavia en abril de
2009”.
Hablaba de Twitter. De Twitter en el verano de 2009. Justo antes de que
el uso del servicio estallara; cuando apenas 22 millones de usuarios lo
utilizaban y el uso principal que se le daba era para establecer
contacto entre pequeñas comunidades con aficiones o intereses en común
—podían ser políticos, botánicos o del mundo de los celebrities—.
La valoración que hice entonces se ha quedado corta.
Hoy, con 200 millones de usuarios y más de 110 millones de mensajes
diarios, muchas cosas quedan claras. No sólo sobre el futuro del
servicio mismo, sino, y mucho más importante, sobre algunos patrones de
la comunicación de masas y las dinámicas que están en la esencia de cómo
se conformará la opinión pública en la era de la información. El punto
de partida para entender la esencia de la verdadera aportación del
servicio y porqué está camino de cambiar muchas dinámicas de la
comunicación debe ser desasociar a Twitter de las redes sociales.
Especialmente de aquellas utilizadas para colgar perfiles e información
personal (Facebook es el ejemplo más obvio). Ayudaría dejar de seguir a
las personas que lo utilizan para hacer una micro crónica de su vida
cotidiana; y, también, a aquellas del mundo de la radio y la televisión
que lo utilizan como herramienta para intentar dinamizar la emisión
unidireccional que caracterizó a los medios de comunicación del siglo XX.
Que intentan, en otras palabras, crear la impresión de ser medios
participativos.
Twitter se podría definir, sobre todo, como una red horizontal de
emisión e intercambio de información. Como una gigantesca plaza pública
en la que se ofertan millones —cientos de millones en realidad— de
pequeñas piezas de información que conectan la creación de conocimiento
a su nivel más elemental y democrático. Millones de enlaces de acceso
público que tejen una complicadísima maraña de información que, en su
conjunto, funge como un mapa virtual de la creación de conocimiento. No
solamente conocimiento en su faceta científica o académica; conocimiento
en el sentido más amplio y horizontal del término. Sus aplicaciones
pueden ir desde compartir información meteorológica crítica para una
determinada actividad o lugar hasta correr la voz sobre el sitio en el
que se están concentrando los opositores de un gobierno, pasando por
intercambios entre científicos que comparten en tiempo real resultados
de experimentos en el laboratorio.
En lo personal, y debido a mi ámbito de estudio, me interesa su
potencial disruptivo en la política. El uso que subestimé hace año y
medio, y que hoy atemoriza a gobiernos corruptos, tiene un enorme
potencial. Y no, ni creo en las Twitter revoluciones ni tampoco creo que
las redes sociales hayan sido el factor que desencadenó las revueltas de
Oriente Próximo y del norte de África.
Lo que sí creo es que están emergiendo nuevas plataformas de
participación política cuyo potencial reside en el poder de la red. O,
más en concreto, en el poder de la información en red. Tanto en la
sociedad civil como en los nuevos medios de comunicación. Durante las
revueltas recientes en Túnez, Egipto y Libia, por citar un ejemplo, un
reportero desconocido de la NPR estadounidense se convirtió en uno de
los informantes más fiables de los movimientos.
¿Cómo lo hacía? ¿Desde el terreno en las
capitales en conflicto?
No. Desde casa en Washington, DC. Curaba
información —un nuevo concepto, de curate en inglés, que tiene dos
facetas: criterio de selección y confianza de aquellos que la validan—
que se emitía por Twitter: verificando fuentes, amplificando voces
desconocidas, aportando contexto.
¿Quiero decir con esto que el futuro de la prensa está en Twitter?
De ninguna manera. Pero sí que la
plataforma que mejor encarna hasta ahora la horizontalidad de la era de
la información transformará los roles tal como los concebimos. Algunos
se invertirán, nuevos se crearán, otros desaparecerán; en su conjunto
trastocarán la forma en la que se relacionan ciudadanía y gobiernos. La
era en la que los medios de comunicación tradicionales fungían como
intermediarios infranqueables entre ambos, llega a su fin.
Fuente: El Blog de Diego
Beas
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